Por Annie Leonard

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Cada vez que un sistema de creencias cae hace mucho ruido.
Empieza un período sufrido y feliz. Para evitarse la parte fea, la mente comienza a tejer otro paraguas, pero luego casi siempre termina por creer que es una buena idea ganarse la vida dando conferencias.
Para evitar esos papelones existe el hilo del placer, pero casi siempre se termina abusando del sexo, la droga y el rock and roll.

Foto de Pablo P, que dice en su sitio de fotografía

El mercado de flores ”Jamaica vive” lugar mágico que provee de flores a la ciudad de México, el único mercado abierto 24 horas, 365 días del año, a decir de un marchante ”Nunca se sabe cuando se van a necesitar flores”.

Y además me aclara por correo, ante mi solicitud:

¡Hombre! Con todo gusto toma la foto y utilizala con libertad y alegría, que para eso son las fotos.

He de ponerte en antecedente, esa foto fué tomada en el mercado (Ustedes lo llamarían “feria”) llamado tradicionalmente “Jamaica” en la ciudad de México, ese monstruo de 20 millones de habitantes que es el corazón de mi país. Este mercado tradicionalmente se ha dedicado al comercio de flores, es grande como el hambre y la necesidad de los “Marchantes” (mercantes) que vienen de todos los puntos de la república a vender sus flores, y moverse en auto o bicicleta en su interior no es raro para los que necesiitan moverse de un local a otro. Desde siempre se venden ah;i flores y tanto el día de las madres como el día de muertos se mencionan como los días de mayos venta, pero permanece abierto 24 horas al día 365 días al año.

Durante el terremoto del 85 la estructura del techo se dañó y el gobierno intentó desplazar a los comerciantes de flores, disolver el mercado. La fuerza de la tradición se impuso y en protesta los marchantes se fueron a vender sus flores en el Zócalo, la plaza principal de la ciudad. Una de las protestas más hermosas de la historia mexicana de la cual lamentablemente no he podido rescatar ninguna foto, pues sucedió justo mientras la ciudad estaba en completa crisis. Los floristas lograron que se respetara el derecho a permanecer en su lugar, reconstruyeron el mercado y cambiaron oficialmente el nombre a “¡Jamaica Vive!”. Y es, efectivamente, uno de los mercados más vivos que conozco, y eso que si hay algo en mi país son mercados alucinantes.

Así que ya tienes una idéa más o menos de lo que se respira en el lugar… espero que los antecedentes sirvan para enriquecer la foto y no la echen a perder… Un abrazo grande y ya estaremos viendonos.

Seda” de Alessandro Baricco, empieza así:

1.
AUNQUE su padre hubiera imaginado para él un brillante porvenir en el ejercito,
Hervé Joncour había terminado por ganarse la vida con un oficio insólito, al cual no le
era extraña, por singular ironía, una característica tan amable que traicionaba una vaga entonación femenina.
Para vivir; Hervé Joncour compraba y vendía gusanos de seda.
Corría el año de 1861. Flaubert estaba escribiendo Salambó, la iluminación
eléctrica era todavía una hipótesis y Abraham Lincoln, al otro lado del océano, estaba
combatiendo en una guerra de la cual no vería el fin.
Hervé Joncour tenía 32 años.
Compraba y vendía.
Gusanos de seda.

Luego, mas adelante:

6.
BALDABIOU ERA el hombre que veinte años antes había llegado al pueblo, había
enfilado directo a la oficina del alcalde, había entrado sin hacerse anunciar, le había
puesto encima del escritorio una bufanda de seda color ocaso y le había preguntado
-¿Sabe qué es esto?
-Cosas de mujer.
-Se equivoca. Cosas de hombre: dinero.
El alcalde lo echó. Él construyó una hilandería abajo del río, un cobertizo para el
cultivo de gusanos a espaldas del bosque y una capilla dedicada a santa Inés en el cruce de caminos de Vivier. Contrató una treintena de trabajadores, hizo traer de Italia una misteriosa máquina de madera, todas ruedas y engranajes, y no dijo nada más por siete meses. Después volvió a donde el alcalde, poniéndole sobre el escritorio, bien ordenados, treinta mil francos en billetes de alta denominación.
-¿Sabe qué es esto?
-Plata.
-Se equivoca. Es la prueba de que usted es un pendejo.
Volvió a coger los billetes; los metió en la cartera e hizo el ademán de irse.
El alcalde lo detuvo.
-¿Qué diablos debería hacer?
-Nada; y será el alcalde de un pueblo rico.
Cinco años después Lavilledieu tenía siete hilanderías y se había convertido en uno de los principales centros europeos de sericicultura y filatura de la seda. No todo era propiedad de Baldabiou. Otros notables y terratenientes de la zona lo habían seguido en aquella curiosa aventura empresarial. A cada uno Baldabiou le había revelado, sin problemas, los secretos del oficio. Eso lo divertía mucho más que hacer dinero a montones. Enseñar. Y tener secretos que contar. Era un hombre así.

Pueden leer el comentario del libro en la bitácora Apostillas literarias

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El amigo Gonzalo Larrobla publica sus makakitoz

Estoy leyendo un libro. Termino el caramelo de miel y me queda ese agradable gusto a poco. Cuento los papeles de nylon dentro del cesto. Voy por el segundo, asi que me falta uno y ya está. Prometido.

Quizás venga alguien a leer algo hoy aquí y no encuentra nada nuevo, entonces tengo dos recomendaciones:
Mechita del blog de Tute
El uno para el otro de Hernán Casciari

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