Ustedes lo deben saber mejor que yo.
Una madrugada me enteré que si los dos seres que me habitan (o tres, cuatro, los que sean) se resuelven a hacer las paces, sería una persona feliz, equilibrada y todo eso.
Pero entonces vino ese temblor. El miedo a perder la palabra, la escritura a las apuradas. Como se fue una vez la música, las canciones, la guitarra.
Y bueno, eso.
Que sería por una buena causa.
Ella: lo viste! Sentiste y viste por mis ojos!
El: por un momento, sí.
Ella: Entonces ya sabés, cuando pienses una cosa tenés que hacer la otra.
El: no, para nada. Estamos exagerando. No es todo. Ni siquiera la mayoría.
Hay que tocar algunas cosas, como teclas de un piano.
Ya son más de las doce. Ya tiramos los cohetes y abrimos los regalos. Volvimos a la mesa. Y empezamos otra vez con lo salado; luego de lo dulce que vino después de lo salado.
Observo las gotas de la parte superior de una botella con diseño moderno. Es una fanta naranja renovada. Trato de pensar cuando fue la última vez que la tomé. Algo así como mil años. Me pongo un hielo y sirvo medio vaso. Ya está: sigue siendo una porquería.
Un día, uno de los seres que me habitan, empezó a sospechar que el otro era una mala persona.
Cada vez que la veo bailar digo: es una mujer sabia.
Hoy 19 12 hs. en Rodó y Cassinoni nevaban flores amarillas.
Fue en la fiesta de un amigo que inauguraba casa. Me acerqué a un grupo donde había risas.
Porque me acordé del título de una canción: “Tengo ganas de risas, Raquel”*
Aunque no me daban mucha entrada, me quedé un rato. Solamente por escuchar una voz. La música de los idiomas y acentos me pueden.
A veces había como una rotación de partido de voleyball pero con deserciones . La gente giraba, y algunos desaparecían. A conocer la casa y cosas así. Quedamos los dos. Los demás tenían pareja, o cosas así.
Al principio no era nada. Un comentario trillado sobre otro.
Pero en determinado momento hubo una confesión al casueleo** como para pescar algo.
Y luego otra, por si era lento.
No pude resistirme a un guantazo como ese. Tampoco había ninguna razón para hacer algo como eso.
Un rato más de charla y un postre de silencio con vértigo.
-Nunca te habló una mujer, no…? ¡Siempre fuiste tú tras ellas …! Dijo riéndose.
Porque hubo un gesto mientras decía su frase guionada: mano que va de derecha a izquierda con vaso que se derrama apenas con el movimiento.
“Siempre fuiste tú tras ellas”
Imagínense, vean esta película conmigo, con española que recupera, bebiendo de su mano, un poco de vino.
Irresistible para mí, no sé ustedes.
*Tengo ganas de risas, Raquel: poema de Humberto Megget musicalizado por E. Darnauchans
**casueleo: neologismo, palabra inventada de fácil reconocimiento