Un ángel

cotidiano — Gabriel @ 15:27

Un ángel de la guarda viene bajando lentamente para sentarse junto a otro que se columpia en una hamaca imaginaria. Vigila desde ahí a su ahijado, por así llamarlo.

-Es un tipo complicado- le informa al recién llegado, que copia el invento de su colega y se hamaca a la par para poder seguir conversando de cerca.

El segundo ángel que llega en beneficio del humano es algo así como una emergencia móvil del cielo. Un refuerzo que se necesita en algunos casos.

-¿Qué le pasa?- pregunta el segundo

- Es difícil decirlo - dice el primero -estuve midiendo el aire-

Medir el aire es un procedimiento habitual que consiste en calibrar el espesor del ambiente donde el humano duerme. Si es carnívoro o bebedor, fumador o minero, el resultado es desfavorable. También lo es si tiene mal humor, mal aliento, mal presentimiento o malta en la heladera. Pero si ronca, posiblemente no sea tan malo.

-Está en el horno-
sentencia el enfermero, al informarse que el tipo comió una pechuga de pollo, unas fetas gruesas de ternera y un trozo de bondiola de cerdo. Tomó medio de litro de whisky más dos cervezas. Y se fumó cinco cigarrillos de contrabando más medio porro floral de primera selección. De postre: ensalada de frutas.

-No te creas- Dice el primero. No es oro todo lo que reluce. No es mierda todo lo que huele mal. No siempre que llueve…

-Ya, ya. Ya entendí- Interrumpe el otro. Desembuchá lo que sabés. Tengo un veterano a tres cuadras de acá que está por tropezarse y joderse la cadera. Resumime.

-Es un escritor- Dice el primero.

-Ahá- Dice el segundo ángel. -¿Y entonces?-

-Acaba de escribir un cuento- Dice mirándolo a los ojos. Al lugar donde aproximadamente deberían estar los ojos.

-¿Y entonces?- repite el enfermero

- Leelo. Es uno de los nuestros-

- No tengo tiempo ahora… Decime qué hacemos y ya-

- Dale gas. Todo lo que puedas.- Le dijo. Después volvió a mirar al paciente y retomó el impulso de la hamaca estirando las piernas. Suerte con el veterano de la cadera. Yo me quedo un rato más con él.-

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galeria de fotos — Gabriel @ 13:53

hoja

Lina de luto (Pedro Aznar)

cotidiano — Gabriel @ 10:29

Lina está de luto y nadie sabe qué pasó
Como si un embrujo le apretara el corazón
Mira, mi amor. Mira, mi amor. Mira, mi amor
Vira, mi amor. Vira, mi amor. Vira, mi amor

Lina entre los toros que ella misma se soltó
Vive convencida que la vida la engañó
Mira, mi amor. Mira, mi amor. Mira, mi amor
Vira, mi amor. Vira, mi amor. Vira, mi amor

Y aunque más la busquen
se ha ido a algún lugar
Un lugar
donde el sol no le haga daño,
ni el sol ni los extraños que siempre hay,
siempre hay
Y a su lado un perro que no sabe ladrar

Pobre Lina, espera que este mundo sea mejor
Si por ella fuera apagaría ya el motor
Mira, mi amor. Mira, mi amor. Mira, mi amor
Vira, mi amor. Vira, mi amor …

Y aunque más la busquen
se ha ido a algún lugar
Un lugar
donde el sol no le haga daño,
ni el sol ni los extraños que siempre hay,
siempre hay
Y a su lado un perro que no sabe ladrar
ya de tanto parecerse a su dueña

Salinger

cotidiano — Gabriel @ 12:51

Hace cinco años, leí este texto, traducido por Ghetta.
Desde entonces no pude parar de leer y releer todo lo que encontré de él.
De buscar y de seguir buscando.

Salinger

Segundo tiempo

cotidiano — Gabriel @ 22:14

Una vez salió el sol por la ventana y yo le creí.
O sea: la noche había sido noche, como tantas veces que no se encuentra el comienzo de la cinta scotch. Ya diste varias vueltas rascando con el dedo y no aparece.
Hay que improvisar, y se pone bueno al sentir que los papeles se queman y el buche de whisky en la boca no sirve para apagar lo que ya se ha iniciado.
Vas agarrando los macaquitos que forman tu equipo de once y los ponés a todos mirando hacia el arco contrario. Le das la pelota al número cinco, o al diez, al que vos quieras.
Y que empiece el segundo tiempo.

veinte diez

cotidiano — Gabriel @ 01:39

Es difícil obviar un 1º de enero:

En el fondo de mi corazón tengo agujas
y un poco de agua que oxida las puntas.

¡¿?!

cotidiano — Gabriel @ 11:02

Es un tipo tan complicado, que después de hablar con él tenés que ver por lo menos una hora de Tom y Jerry para desintoxicarte.
Pasa el tiempo y empiezo a ver que hay dos tipos de personas.
Las que contaminan y las que abonan.
Unas con fuerza centrífuga , salpican a su entorno con signos de pregunta que ya tienen su respuesta y la saben, o no la tienen por ningún lado, y también lo saben. (Quizás esto no sea del todo cierto, pero creo que se entiende lo que digo)
Otras con fuerza centrípeta. Sus signos de pregunta atraen tus signos de admiración. Se produce un intercambio. Se abrazan, y cada uno sigue su camino. Ojalá la vuelvas a ver.

Fernández Rodríguez Gómez, el espléndido.

cuentos — Gabriel @ 14:35

Qué puedo hacer mientras me dura el dolor de corazón. Escribir, claro. Espero a la ambulancia en la cama y la familia se preocupa, pero no va a ser hoy. Pido que me alcancen el cuaderno. Mientras aguardo pacientemente que me dejen solo, pienso en la historia que quiero recordar hoy.

Voy a contarles del médico de la familia. Una cosa que existía antes que ahora ya no. Déjenme comentarles que ya tengo 89 años. Estoy cansado la mayor parte de las horas que estoy lúcido, que no son muchas según mis bisnietos. Ellos son los que me dicen las cosas como son. A cambio de chocolates me mantienen informado. A esta altura deseo que los tipos de las jeringas, un día de estos, no lleguen a tiempo. Tengo el culo a la miseria, si me permiten la expresión. Tuve nueve novias en mi vida, siete de las cuales opinaron que mi trasero era de las cosas que puntuaban mejor. Las otras dos nunca lo dijeron porque eso de los puntajes no estaba a su altura, pero seguro que lo pensaban. Por eso, cada vez que esta gente me dice abuelo dese media vuelta, me mata un poco más.

Ya sé que no me veo bien hablando de esta manera. Ustedes suponen que hay cuestiones que deberían estar saldadas, superadas y todo eso. Pamplinas. Déjenme explicarles (y ya termino esta lata aclaratoria) que a mi edad me tiene sin cuidado cómo me vea y lo que ustedes piensen.

Fernández Rodríguez Gómez era un sabandija. Compañero de liceo de mi padre; una de las personas más respetadas en la comunidad. Tenía eso que hace que la gente le cuente todos sus problemas, en especial las mujeres.
Él parecía escucharlas, fui espectador dos o tres veces. Asentía en silencio, decía eventualmente ajá y era un maestro en poner caras que significaban lo que tú quisieras oír. Las señoras se iban comentando los buenos consejos que daba el doctor, elogiando su claridad y sabiduría. Mi madre lo adoraba. Todas las habladurías sobre él eran ciertas. Más de una vez tuve dudas de esas fuleras mirando las fotos de familia, comparando los rasgos. Pero ya está, no vale la pena seguir con eso. Además, como médico era un lujo. No como estos que están tocando timbre ahora. Malditos sádicos. Otro día la sigo.

Retrato de Kapus

homenajes — Gabriel @ 20:57

Cómo te extraño, pedazo de porquería humana.
Me abandonaste por esa española trola que estuve a punto de robarte el día que saliste a hacer el mandado. Si no fuera porque volviste a buscar los envases eras boleta, campeón.

El imbécil que me dejaste a cambio ocupando tu cuarto. Realmente es tu hermano? De la misma madre?
Siempre te voy a estar agradecido. Gracias a ustedes dos, a continuación voy a dedicarme a mariconear con un listado de cosas que no puedo olvidar desde que te fuiste a robar euros sin detenerte a pensar un minuto en cómo me sentiría con tu ausencia.

Uno – Esos guisos pegoteados de lentejas con gusto a quemado: un manjar egipcio. Tu hermano no sabe poner el fiambre entre dos panes.

Dos – Tus dibujos inspirados: los macacos infantiloides que dejabas desparramados por el apartamento, que puntuaban inexplicablemente con las vecinas del 405. Tu hermano le saca las etiquetas a los envases de cerveza y las pegotea en lugares que cuesta mucho volver a sacar.

Tres – Entre nosotros existía un pacto nunca firmado de no dejar caer el stock a cero. Siempre, cualquiera fueran las circunstancias, en algún lugar de la casa había un sorbo de whisky, un tres cuartos tannat, una mísera botella de algo. Tu hermano se fuma hasta el desodorante de ambiente y se tira en el sillón a babear mi rincón de lectura.

Cuatro – Los códigos. Tu hermano menor no tiene ninguno. Sabelo. Gracias por todo. Te quiero.

Posdata: la foto te la saqué el día que llamaste de acá a Maruja para decirle la cosa.

Infinitas veces

cotidiano — Gabriel @ 21:30

Del nuevo cd de Nicolás Ibarburu | Anfibio

Letra: Pablo Routin
Música: Nicolás Ibarburu

Infinitas veces

Suspirando por amor
pensamiento en la bajada
en el cuarto en un rincón
colgaré la madrugada
dirá

Ya no sé cómo pasó
tanto tiempo aquí en mi tiempo
solo sé que vivo así
yo elegí un aire nuevo
vendrá

Porque nunca alcanzo
lo que necesito
mi cuerpo en un grito
me llama
Todo lo que amo
vidas en mi vida
voces que en silencio
me hablan

Es un misterio sin final
toda la vida
Y es la llave que me salva
tu amor

Se puede escuchar en:
http://www.myspace.com/elnicoibarburu

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